Tienen, las personas, una costumbre
que, cada vez, me causa más recelo:
tapan con trapos pintados el cielo
y se sienten más cerca de la cumbre.
¡Mira que le gusta a la muchedumbre
cubrir el horizonte con un velo!
Y diré, pues me viene que ni al pelo,
que resulta pueril tal servidumbre.
Me recordarán la de tres colores,
la del orgullo gay, la roja y negra,
incluso mis tiempos de tolerancia
pero ya no creo en más honores;
evolucioné y me desintegra
aunque suponga superar la infancia.
© Juan Calle
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