Como un soñador relata sus sueños,
este reo habla de su cadena;
como la luna se vacía y llena,
entro y salgo de mi mente de empeños.
Como, al oírme, se fruncen ceños
y nunca sé poner mi cara buena,
sé saborear lo que me envenena:
doy a la vida bocados pequeños.
He aprendido, no sin discrepancia,
que en otros planetas hay más ocasos,
a restarme la menor importancia,
a hacer pie en el fondo de los vasos
y a mantenerme de mí a distancia
sin perder el paso de mis fracasos.
© Juan Calle
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